Ayer estuve en Madrid por tercera vez en un mes, algo que en mi caso es excepcional.
Eso sí, en esta ocasión ha sido un viaje por placer..... y nunca mejor dicho.
Fui a ver la exposición antológica que se celebra en el Museo del Prado hasta el 16 de septiembre y que gira en torno a la obra del valenciano, Joaquín Sorolla.
Vista de la exposición
Decir que he venido encantada sería quedarme corta, porque como he venido ha sido emocionada, empachada de arte y pinceladas de color y creo que hasta con quemaduras en la retina de tantísima luz que desprenden sus cuadros.
La bata rosa (impresionante)
Idilio en el marEste cuadro no tiene nada que ver en directo con las reproducciones de los libros. El color y las luces, las pieles mojadas.....es espectacular.
Nada más entrar, el cuadro titulado "Otra Margarita" me dejó ya sin aliento. Y eso que no es el típico cuadro de playa del pintor, e incluso me atrevería a decir que la pincelada es más contenida.
La otra Margarita
Lo que vemos no es una escena, es una "historia encerrada" entre las medidas del bastidor que se cuenta sóla. Miras el cuadro y directamente tu cabeza hace una especie de "reconstrucción de los hechos".
Aunque el titulado "Trata de blancas", en el que impresiona la resignación de las muchachas, o quizás la ignorancia a lo que les espera, frente al aire distante de la "madame" que las acompaña, es del estilo a éste, lo cierto es que no me toco tanto como el de Margarita, que directamente me llegó al corazón.
Trata de blancas
Sobrecogedor, duro y hermoso al mismo tiempo es el titulado "Triste herencia". Tus sentimientos se mezclan ante esta obra. No puedes evitar mirarla y admirarla en cuanto a pintura, pero os aseguro que duele verla.
Los hijos de Sorolla Triste herencia
Me gustaron mucho sus retratos (en algún momento me recordó a Sargent) especialmente los dedicados a sus hijos. Se notaba el cariño que profesaba a su familia, incluidos sus suegros, quizás por haberse quedado demasiado pronto sin padres.
Sorolla pintó en numerosas ocasiones a Clotilde, su mujer y gran amor. Pues bien, aún pecando de atrevida, hubo uno que no me convenció. Por mucho que Clotilde fuera muy delgada, a mi juicio su cintura era excesivamente estrecha y la anchura de sus caderas me resultó desproporcionada. Me refiero a éste:
Al reposar una parte del vestido sobre la silla, aunque aquí no se aprecia, se puede adivinar la silueta de la mujer y es por eso que he comentado lo de sus caderas. Siento haber sido capaz de encontrar una imagen mejor.
De esta parte de la exposición, prácticamente os pondría todos los cuadros ya que fue un recorrido apasionante.
Ya por último, me queda comentaros los murales que pintó para la Hispanic Society of New York. ¿Qué deciros?
Pues que están al final del recorrido y así, sin entrar en mucho detalle, salvo el de Ayamonte que es una de las obras más bonitas que he visto, y los del baile y la semana santa de Sevilla, el resto me decepcionó un poco.
El baile - Sevilla Ayamonte (la pesca del atún. Al fondo la costa de Portugal.
Después de haber visto todas las obras anteriores de Sorolla, tuve la impresión de que al pintor le pesó "la responsabilidad" del encargo.
Lógicamente su duende está en todos y cada uno de los paneles, pero me da la sensación que Sorolla, en determinados momentos, se sintió "prisionero de su compromiso".
Salvo estas matizaciones "totalmente subjetivas", es tanto y tan bueno lo que nos ofrece esta exposición que no deberíais dejar de verla.
¡Os emocionará!